viernes, 2 de octubre de 2009

La superficie que se abandona

Ella perdió el control.
En la calle, en las avenidas, en los cines, en los parques;
Ella perdió el control.
En la familia, en los amigos, en su trabajo;
Ella perdió el control.

Camina entre hojas, entre suave nieve, entre ropas de cuerpos ajenos;
Canta con los vientos, con los días y las noches, con la vida y la muerte;
Sonríe entre techos y azoteas, entre caminos que se bifurcan, entre puertos que se cierran;
Vive ahora entre los límites, entre los inicios y finales, entre las fronteras que cierran lo que nunca se debe cerrar.

Ella perdió el control,
Ella perdió el control,
Ella perdió el control.

Un control que no importa,
Un control que no sirve,
Un control que solo condena.

Ella solo pasea, sonriente,
Entre estaciones,
Entre existencias que pasan y existencias que vienen,
Entre fuegos que se extinguen,
Entre tormentas que terminan.
Ella solo observa el mar,
El mar hombre,
El mar ciudad,
El mar país,
El mar mundo,
El mar vida;
Y ella, sí, quería eso, observar, caminar, cantar;
Y perdió al control, y está feliz.

El control la llama, ella lo rechaza;
El control le llora, ella lo ignora;
El control la tienta, ella ni mira;
El control, taimado, la engaña, y ella lo adivina;
El control enfurece y ella ni se inquieta.

Ella no perdió el control,
Ella no perdió el control,
Ella no perdió el control.

Ella abandonó al control,
Ella expulsó al control,
Ella, sonriente, baila ahora un tango con la libertad.

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